Un reciente comunicado del gremio ferroviario La Fraternidad encendió señales de alarma sobre la situación actual del sistema ferroviario argentino, al advertir una sostenida caída en los servicios, problemas estructurales y un escenario que, según denuncian, pone en riesgo su continuidad.
De acuerdo al documento, en los últimos dos años los servicios ferroviarios disminuyeron en un promedio del 33%, en un contexto marcado por la falta de material rodante, escasez de repuestos y una reducción del personal producto de retiros que no son reemplazados.
A esto se suma el deterioro de la infraestructura, que impacta directamente en la operatividad del sistema. En el caso de los trenes de carga, la circulación se realiza a velocidades que oscilan entre los 15 y 20 kilómetros por hora, con un promedio de hasta tres descarrilamientos diarios, tanto en formaciones estatales como privadas.
El panorama también alcanza a los servicios de pasajeros de larga distancia, muchos de los cuales se encuentran directamente interrumpidos. Entre ellos, se mencionan los ramales Buenos Aires–Mendoza y San Luis, Retiro–Tucumán, Retiro–Córdoba, el servicio Buenos Aires–Rosario y el tren a Pehuajó. En la misma situación se encuentran el servicio turístico Mercedes–Tomás Jofré y los regionales La Banda–Fernández y Rosario–Cañada de Gómez, además del tren a Pinamar.
Otros servicios, en tanto, continúan operando con serias dificultades, como el Tren de las Sierras, el Tren del Chaco, el ramal Salta–Güemes y el servicio Rosario–Retiro, que presentan inconvenientes recurrentes en su funcionamiento.
Desde La Fraternidad calificaron este escenario como una “involución” del sistema ferroviario, en contraposición a la necesidad de desarrollo y modernización del transporte en el país. En ese sentido, advirtieron que, de no revertirse la situación, la Argentina podría perder un sistema estratégico que no tiene reemplazo en términos de conectividad, logística y desarrollo económico.